Y pensándolo bien nada tiene que ver con el tiempo. Podrían pasar meses y nosotros seguir sintiéndonos extraños; cerrarnos en banda a todas estas rarezas, a la brusquedad de tanta consonante junta, a lo asfixiantes que resultan las palabras largas como líneas de cuardenillo.
Pero todo en esta vida es una cuestión de actitud, la realidad a fin de cuentas siempre es subjetiva, y yo ya vine enamorado del mundo, ya me metí enamorado de Aquisgrán en la maleta. "Amor ciego, inconsciente y necesario" dice Lidia.
Pero tampoco íbamos mal encaminados, las descripciones de la wikipedia prometían. ¿Lectura selectiva? Quién sabe...
Esta es una ciudad pequeña, de esas ciudades que caben en la palma de la mano. Y aún así esconden infinidad de secretos. Poco a poco Lidia los va descubriendo y me los cuenta al llega a casa..: como todas las fuentes que uno puede encontrar en la ciudad, porque Aquisgrán es la ciudad del agua, cada una envuelta en una historia o leyenda. Yo me siento todos los días en la repisa de la ventana, arropado por el radiador y rodeado de mis plantas, y espero que llegue, me guardo la información y le doy forma.
Desde aquí sólo puedo observar la Ludwigsallee Strasse, con sus árboles que día a día van cambiando de color. ¡La de colores que encierra el otoño! Esto Valencia no lo conoce...
Ella sale, pasea, explora cafeterías y descubre todo lo que esta ciudad nos ofrece. Algún día me llevará consigo, eso me repite siempre.
Y es que a fin de cuentas, cuando uno se va a la aventura, cuando uno se va porque quiere crecer (y quizás donde está no le dejan), cuando uno decide hacer un cambio tal que este, no le queda más que conformarse. Conformarse y mirarlo todo con lupa, pero conformarse. Y ya puesto a aceptarlo, mejor que sea con alegría y entusiasmo.
Porque "hay tantas realidades como puntos de vista." (José Ortega y Gasset)
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