lunes, 12 de noviembre de 2012

C A O S


Discursos robados en primera persona:


Mi madre siempre me decía que era un desastre. Las discusiones sobre ordenar el cuarto han sido El Tema, la riña recurrente durante toda mi infancia, adolescencia y post adolescencia.

Sin embargo cuando uno sale de casa parece que se vuelve más consciente del espacio que habita, reconoce ese espacio como suyo y no como parte de una comuna familiar, y empieza a darle otro trato. Ese espacio sigue guardando la esencia de lo que eres, pero los matices cambian.
Y llegados a este punto uno empieza a ser consciente de lo que le define por cómo se organiza el caos que le rodea.

Visto así yo no me llamaría desastre, simplemente no me gusta dormir sola.

¿Y qué tiene que ver la compañía con el orden?
Mucho.

Siempre he dormido en camas grandes. Las camas de 90 centímetros me causan pesadillas. Pensaba que era por el miedo a moverme demasiado y caerme por un lado. Ahora entiendo sin embargo que es porque no me gusta dormir sola. En una cama grande al menos la posibilidad de la compañía se hace más evidente. Puedes incluso imaginarte que alguien duerme a tu lado (que duermes a mi lado), y cuando cierras los ojos nadie puede convencerme de que no estás ahí.

Pero volviendo a la teoría del caos, la necesidad del desorden es inversamente proporcional a la prisa que tengas por darle forma a tu locura. Así visto no es que no quiera guardar los libros en la estantería, es que me es más cómodo tener a mano el guión de lo que voy pensando.


Y mientras no estés ellos son la mejor compañía.


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