Quién nos iba a decir que lo que nos amargaría la estancia no iba a ser ni el frío, ni el idioma, ni la lejanía, sino un choque cultural que nadie se esperaba: encontrar un piso de alquiler.
El 1 de abril nos tenemos que marchar de este piso de ensueño, y encontrar un rincón como mi ventana está siendo una tarea imposible. Nadie nos avisó y nosotros no prestamos demasiada atención: la lógica aquí se derrumba y la obviedad pasa desapercibida.
¿Quieres alquilar un piso en Alemania? No es problema, pero no tiene cocina y tú tendrás que hacer toda la instalación. Quizás tenga cocina, pero tienes que pagarme entre 1000 y 2000 euros porque yo la compré nueva al mudarme aquí. O quizás la cocina no es problema, pero yo he puesto el laminado en todo el piso, así que espero unos 400 euros de reembolso. Obviamente ningún piso tendrá muebles, a no ser que el actual inquilino te venda los suyos porque no los necesite.
¿Y el propietario qué dice? No se sabe.
Hemos incluso pensado que no existe, puesto que sólo el actual inquilino hace la entrevista, apuntando nuestros datos en una lista con infinidad de nombres.
La suerte se presenta sólo si encuentras a una persona que deje su piso durante X meses; una estancia en el extranjero, un erasmus, unas prácticas. Esa persona te alquilará su apartamento con todas sus cosas, y así tú podrás gozar de un espacio sin tener que comprar desde el hornillo hasta la lámpara del comedor, pasando por lavadora, frigorífico, etc. Pero claro, te pasarás estos años saltando de un piso a otro, esperando tener suerte con las fechas para no terminar pagando algunos meses dos alquileres.
Y es entonces, con la suerte dándonos la espalda, cuando todo se te cae encima. Es entonces cuando el clima pesa como un yugo sobre los hombros, y más que el frío lo que se añora es no ver ese intenso color azul en el cielo. Y el idioma se complica, porque todos los anuncios están en alemán, con palabras que google translate no consigue descifrar. El juego de encontrarle la lógica a ciertas frases traducidas pasa de gracioso a insoportable, y las frases repetidas por teléfono anunciando que eres extranjera, que no hablas bien el idioma y preguntando a tu interlocutor si habla inglés se vuelven asquerosamente automáticas. Y te das cuenta de que tus amigos y tu familia están muy lejos. De que salir a tomar un café con los tuyos para despejarte no es una posibilidad, de que el cine no lo entiendes, de que todo es ajeno a ti.
Por eso intentamos no escatimar en caprichos que hagan del día algo maravilloso, y nos preparamos desayunos contra la tristeza.
Vale, ya no hace falta que me expliques tu cambio de domicilio, ya me lo ha contado Nunú. :(
ResponderEliminarÁnimo con la búsqueda señorita!