lunes, 24 de diciembre de 2012

sábado, 22 de diciembre de 2012

Fin del mundo


No hacía falta esperar al 21/12/2012. Si quisieron poner una fecha porque así se es más consciente perfecto, pero hace décadas que el fin del mundo es palpable...:


"La [solidaridad] que hoy existe no es más que un espíritu gregario. Los hombres se unen porque tienen miedo los unos de los otros; los señores se asocian, los trabajadores se asocian, los sabios se asocian. ¿Y por qué tienen miedo? Sólo se tiene miedo cuando se está en disensión consigo mismo. Tienen miedo porque nunca se han reconocido a sí mismos. ¡Una sociedad de hombres que tienen miedo de lo desconocido que anida en ellos! 
"Todos se percatan de que sus leyes de vida no funcionan ya, de que viven según los viejos códigos y que ni su religión ni su moral corresponden a lo que necesitamos. Durante cien años y más, Europa no ha hecho más que estudiar y construir fábricas. Todos saben con exactitud cuántos gramos de pólvora se necesitan para matar a un hombre; pero no saben cómo se reza a Dios, no saben siquiera cómo se pasa un rato divertido. ¡Mira las tabernas de los estudiantes! O un lugar de diversión donde se reúne gente rica. ¡Desesperante! Querido Sinclair, de esto no puede salir nada alegre."

[...]

"Este mundo, tal como es ahora, quiere morir, quiere sucumbir y lo conseguirá. [...] Entonces se demostrará que la voluntad de la humanidad no se identifica nunca, en ningún lado, con las sociedades actuales.
"Estaba escrito en Jesucristo y está escrito en Nietzsche.!"


Demian, Hermann Hesse, 1919.





viernes, 7 de diciembre de 2012

Distancia y Benedetti



Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Rituales de invierno



Hoy no se puede desperdiciar el día con tareas de contraste de pasados.

Hoy se ha pintado por primera vez el paseo de algodón y la estampa pide algo de poesía. Aquí ya tenemos un ritual montado: consta de un litro del mejor té en el gesto hueco de la mano. Paso minutos enteros descifrando el dibujo del vapor que se escapa, que se mezcla con el reflejo opaco de la ventana y desaparece. 

Hace semanas que la calefacción no descansa y mi rincón de la ventana es, con diferencia, el mejor sitio de la casa. 

Ahora, con esta nieve que lo cubre casi todo, no cambiaría esta rutina por nada. 

Así que Guten morgen desde la cotidianidad de la belleza. 


lunes, 12 de noviembre de 2012

Diez cosas que debes saber sobre Alemania



Curioseando por la red he encontrado este artículo. Entre lo que me cuenta Lidia y la idea que yo me hago he de decir que no estoy de acuerdo al 100%, pero sí a un 90, y esta información puede además ser muy válida para quienes planean venir a Alemania.

Para quienes planean venir concretamente a Aquisgrán (o Aachen, así nadie se confunde) hay que señalar que esta ciudad es algo especial. Y no porque por estar aquí así lo veamos, sino porque las fronteras es lo que tienen: mucha mezcla. Aún así se nota que estamos en Alemania y este artículo es digno de difusión.



Diez cosas que debes saber sobre Alemania

1. Alemania habla alemán
En Alemania se habla alemán, parece obvio, pero a menudo se minusvalora la barrera lingüística. Aunque hayas estudiado alemán, incluso aunque incluyas en tu curriculum un certificado B1 o, mejor aún, B2, tú no hablas alemán. Y lo sabes. Eso te lo pondrá muy difícil a la hora de integrarte en una empresa, en constante competencia. Para hablar alemán es necesario un proceso que requiere, además del estudio, tiempo de práctica y convivencia con alemanes. A esto hay que añadir la dificultad extra que presentan los acentos y dialectos de los diferentes Länder. Practicar alemán con los alemanes, además, no es una consecuencia automática de la convivencia. Puedes pasar semanas sin intercambiar más que escuetos saludos con tus compañeros del trabajo y tus compañeros de piso, que con toda seguridad intentarán dirigirse a ti en inglés o en español. Trabar auténticas relaciones en Alemania lleva años y el proceso de integración lingüística también. Debes estar preparado para un aislamiento prolongado.

2. Alemania es muy grande
También parece obvio que Alemania es muy grande, pero a menudo no somos conscientes de la enorme diferencia que hay entre vivir en ciudades cosmopolitas como Berlín y Hamburgo o en otras más ricas e industriales como Munich, Stuttgart o Düsseldorf. Estas últimas son las que más empleo ofrecen, están repletas de oportunidades, pero a menudo parecen muertas a partir de las 18:00 horas y soportan un caro nivel de vida. Las primeras, más atractivas y vitales, son las más pobres de Alemania, arrastran bolsas de paro propias y están ya saturadas de aspirantes. En Berlín hay un paro del 11,8%, en Munich del 3,8%. Son mundos diferentes.
3. Alemania está llena de alemanes
Seguramente contabas que con ello, Alemania está llena de alemanes, pero no entenderás el alcance de las diferencias culturales hasta que no las sufras. Son honrados hasta la médula. Si te dejas abierto el coche en el centro de Berlín, y con abierto queremos decir abierto de par en par, los CDs seguirán en la guantera cuando vuelvas dos horas después. Pero si aparcas incorrectamente ese mismo coche frente a tu casa, será posiblemente uno de tus vecinos el que llame a la policía para denunciarte. Te convertirás en un proscrito si no reciclas correctamente la basura, incluido lavar los envases de yogurt antes de depositarlos en el contenedor para plásticos. Si tomas un café o cenas con alguien, pagaréis por separado. Se quitarán los zapatos cuando entren a tu casa y tú deberás hacer lo mismo en la suya. No soportarán que hables al volumen cotidiano en España, ni que cocines con ajo. El rescate a los bancos españoles nos ha convertido en un país europeo de segunda y percibirás que comienzan a tratarnos como a ciudadanos de segunda. Ya no les gusta alquilarnos casas y admiten con más dificultad a nuestros hijos en colegios privados.  ¡Ah! Y no te perdonarán que no seas amable con perros y gatos, a los que no es extraño que demuestren más afecto que a las personas.
4. Alemania = burocracia
Nada más poner un pie en Alemania necesitas un Anmeldung, documento de registro que te pedirán para todo y que solicitarás en la oficina Meldestelle del Burgeramt, el ayuntamiento de tu distrito. También es necesario un Certificado de Libre Circulación (Freizügigkeitsbescheinigung), y para conseguir los documentos anteriormente citados necesitas tener una dirección y un contrato de alquiler. Para conseguir el contrato de alquiler necesitas la Chufa, una especie de certificado de tus deudas y solvencia, además de un certificado de ingresos (Einkommensbescheid). Para empezar a trabajar necesitas la Lohnsteuerkarte, registro en la Hacienda alemana, la Sozialversicherungsausweis y la Mitgliedsbescheiningung der Krankenkasse, que certifican que perteneces a una caja del Seguro Social y del Seguro Médico, y una Aufenthaltsbescheiningung gemäB 5 Freizügigkeitesgesetz, algo así como un certificado de residencia. Después de esto puedes ir a registrarte al Consulado. No sirve de mucho, pero ya puestos...
5. Alemania trabaja a la alemana
Alemania trabaja y España también, pero con culturas del trabajo completamente ajenas entre sí. Generalizando, los trabajadores alemanes no usan el teléfono de la empresa para llamadas personales, no utilizan el tiempo de oficina para pedir cita en el dentista o para charlar sobre el programa de televisión de la noche anterior. No hay pausa para comer de más de media hora. No se sale a fumar o a tomar café y muchas grandes empresas estipulan incluso en sus convenios la denominada Pinkelpause, o pausa para hacer pipí, que establece los minutos de duración y la frecuencia con que los empleados pueden ir al baño. Cumplen los horarios, lo que significa que salen de casa considerablemente antes si el pronóstico meteorológico es adverso, llegan sistemáticamente a menos cinco y se están poniendo el abrigo también a menos cinco, para salir por la puerta a la hora exacta, así haya que dejar en suspenso un proyecto de millones de euros. Las horas extra se pagan sin excepción. No hay prisas y no se espera hasta que se haya ido el jefe. Esto requiere una enorme planificación y anticipación. Tendrás que amoldarte.
6. Alemania, reserva natural de ingenieros e informáticos
En Alemania son especies protegidas: ingenieros e informáticos, en menor medida personal sanitario y estudiantes de formación profesional de ramas industriales. Si perteneces a uno de estos grupos serás bienvenido a este país y se te darán todo tipo de facilidades. Si además eres investigador en áreas avanzadas de energías renovables, reciclaje, química aplicada, nanotecnología o genética, te buscan como locos y seguramente varias empresas alemanas han contactado ya contigo tratando de seducirte. Pero si no formas parte de estos selectos sectores, estarás solo en la jungla del empleo alemán, donde no hay un salario mínimo legislado y donde personal altamente cualificado procedente de países como Polonia e India pone ya muy alto el listón dela formación y muy bajo el listón de los ingresos.
7. Alemania es bienestar
El sistema de bienestar social alemán sigue siendo un sueño en comparación con el resto del planeta, incluida España. Una vez entras en el sistema a través de un empleo estable, dispones de todo tipo de ayudas familiares, por ejemplo. Las madres dejan de trabajar 6 semanas antes de la fecha prevista del parto y las 8 siguientes al nacimiento con el 100% de su salario. A partir de ahí, la baja por maternidad dura un año y cobra el 67% del salario para padre o madre. Si la madre no ha trabajado antes, recibe 300 euros al mes. El Estado paga 184 euros por niño al mes, ingresados en cuenta corriente, y Merkel acaba de aprobar una subvención a familias que cuidan de los niños en lugar de llevarlos a la guardería, comparable a lo que le cuesta al mes al Estado una plaza de guardería pública. Si las cosas van mal, en un caso de paro prolongado, el Estado garantiza el derecho a vivienda, no de palabr, como en la Constitución Española, sino con subvenciones contantes y sonantes, además de derecho a calefacción e incluso tarjetas de ocio para menores de familias con bajos ingresos, que permiten a los niños pobres ir al cine, al teatro, a librerías...
8. En Alemania hay picaresca
En alemán no existe un término para traducir la picaresca y para referirse al género literario de El Lazarillo de Tormes hablan de Schelmroman, Novelas de pillos. Pero haberla, hayla. Ojo si llegas a trabajar al sector servicios, el más tocado. En Berlín ya hay casos de españoles que llegan buscándose la vida y pasan meses trabajando como camareros sin contrato y sin cobrar, desprotegidos por la ley. La forma de evitarlo es buscar empleo en Alemania a través de los Ayuntamientos o Comunidades Autónomas que han desarrollado programas para ello o a través de Eures. La Embajada española en Berlín dispone también de información fidedigna. Es mucho más arriesgado venir por libre.
9. Alemania está nublada
El frío de Alemania no supera al de Ávila, pero su déficit de luz sí. Durante los meses de invierno anochece a las 16:00 e incluso en verano el porcentaje de días plomizos, lluviosos o sencillamente grises es capaz de erosionar cualquier psicología. Los habitantes del Mediterráneo tienden a acusar especialmente ese déficit de luz. En Alemania, 10.021 personas se quitaron la vida en 2010. Otras tantas lo intentaron. Hay un suicidio cada 53 minutos y mueren más personas por voluntad propia que por accidentes de tráfico, homicidio, drogas o sida. Naturalmente, las causas no tienen que ver exclusivamente con el clima, sino también con la soledad, la presión social y la crisis. Debes hacer acopio de fortaleza.
 10. Alemania engancha
Si después de haber superado todas estas dificultades logras trabajar en Alemania y establecerte en este país, descubrirás algo con lo que no contabas: quieres quedarte. A pesar de la morriña y de los planes para volver, Alemania engancha y un día, sin darte cuenta, te encontrarás con que suples felizmente la falta de luz partiendo el invierno con un viaje al Mediterráneo o al Caribe, según tus ingresos, que la relación con la familia a través de Skype te resulta razonablemente satisfactoria y que te sientes realizado por lo mucho que te aprecian en tu trabajo. Ya no estarás dispuesto a prescindir de la seguridad de tu empleo, de tu pensión de jubilación y de tus inversiones, te sentirás al abrigo de un Estado fuerte y sostenible y no querrás prescindir de las garantías sociales. No te gustaría ya la idea de volver a una oficina en la que se pierde el tiempo en reuniones inservibles o con comidas de dos horas de duración, despreciarás las actitudes clientelares o pelotas, jamás esperarías ya a que se vaya el jefe para irte a casa si ha terminado tu horario laboral... La lengua alemana habrá dejado de ser un problema y habrás hecho amigos alemanes, generalmente un tipo de amistad sin muchas alharacas, pero profunda y duradera, de los que no querrás separarte. Y si has tenido hijos, desearás para ellos que crezcan hablando alemán. Como religioso contribuyente, comenzarás incluso a criticar que el fisco alemán destine tus impuestos a rescatar gobiernos corruptos del sur de Europa. Y un día, te sorprenderás a ti mismo tarareando una canción de Grönemeyer mientras conduces, en una ciudad sin atascos. Ese día, estarás perdido.


Rosalía Sánchez





C A O S


Discursos robados en primera persona:


Mi madre siempre me decía que era un desastre. Las discusiones sobre ordenar el cuarto han sido El Tema, la riña recurrente durante toda mi infancia, adolescencia y post adolescencia.

Sin embargo cuando uno sale de casa parece que se vuelve más consciente del espacio que habita, reconoce ese espacio como suyo y no como parte de una comuna familiar, y empieza a darle otro trato. Ese espacio sigue guardando la esencia de lo que eres, pero los matices cambian.
Y llegados a este punto uno empieza a ser consciente de lo que le define por cómo se organiza el caos que le rodea.

Visto así yo no me llamaría desastre, simplemente no me gusta dormir sola.

¿Y qué tiene que ver la compañía con el orden?
Mucho.

Siempre he dormido en camas grandes. Las camas de 90 centímetros me causan pesadillas. Pensaba que era por el miedo a moverme demasiado y caerme por un lado. Ahora entiendo sin embargo que es porque no me gusta dormir sola. En una cama grande al menos la posibilidad de la compañía se hace más evidente. Puedes incluso imaginarte que alguien duerme a tu lado (que duermes a mi lado), y cuando cierras los ojos nadie puede convencerme de que no estás ahí.

Pero volviendo a la teoría del caos, la necesidad del desorden es inversamente proporcional a la prisa que tengas por darle forma a tu locura. Así visto no es que no quiera guardar los libros en la estantería, es que me es más cómodo tener a mano el guión de lo que voy pensando.


Y mientras no estés ellos son la mejor compañía.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Posibles quejas


Escuchando un poco de jazz esta mañana hemos encontrado nuestra primera queja: 

¿dónde paran los antros en esta ciudad? 

Si bien no hace falta exagerar y ser literal en cuanto a lo de "antro" sí que se echa de menos alguna cafetería desaliñada, con estanterías viejas, llenas de libros viejos, o bares con jazz de fondo y la luz alumbrando únicamente la mesa. 

Algo así como un Ubik o un Jimmi Glass. 

Igual simplemente no hemos pasado todavía por la calle adecuada, pero lo visto hasta ahora son sólo  exquisitos salones de té y cafeterías llenas de estudiantes pegados a un portátil. 

Temo que la idea de "antro cultural" aquí sea una utopía, estamos rodeados de ingenieros.


           



viernes, 26 de octubre de 2012

Nimiedades


No; la lluvia no te moja: 
te resbala.
Tienes la piel de aceite, amada mía.




Es posible que Ángel González imaginara a su amada sino en una ciudad como esta, al menos en una ciudad con este clima, cuando escribió esos versos.

Lejos de querer rellenar este blog con un tema de ascensor, creo que vale la pena que os cuente cómo funciona aquí el asunto. Si no por curioso, al menos porque teniendo en cuenta que me paso los días postrado ante la ventana, es lo que más experimento.

Dicen que aquí nunca sale el sol, que siempre llueve, que el tiempo, en resumen, es malo. Dicen que el frío no te deja salir de casa, al menos no para estar fuera más de media hora paseando, y que todos corren a sus casas donde las calefacciones están tan altas que puedes cerrar los ojos e imaginarte en el caribe (algo más seco, sin duda).

Mi conclusión personal es que la cuestión es quejarse.

Aquisgrán no tendrá los días, semanas, o meses eternos de sol como Valencia. Verá la lluvia más a menudo, y sentirá el frío con más ahínco. Pero nada tiene que envidiarle.

Quizás los valencianos (y me refiero a ellos especialmente porque de ahí venimos) no recuerden cuánto puede llegar a pesar el sudor, cómo cala el frío cuando llega, cómo moja la lluvia, que no resbala, porque cae como manguerazos en todas direcciones. Quizás nadie ha pensado que eso anula el color verde, que llena las calles de polvo y hace del asfalto la sartén ideal para derretir hasta las ideas.

Aquí puede llegar a llover unas 5 veces al día, puede no salir el sol con tanta eficacia, puede, cuando llegue el invierno, que el color blanco pase de puro a maldito (y digo puede porque no lo sabemos).

Pero cuando llueve, resbala. La lluvia no moja más que los adoquines. Gotas largas, como alfileres líquidosY en casos extremos los paraguas cobran vida en un paseo agradable, nada de batallas de plástico y viento, donde sueles perder la elegancia a manos de una lluvia que parece que caiga del suelo.

Así que le sonreímos a este clima que llaman horrible, y uno a uno caen los mitos del país germano.



miércoles, 10 de octubre de 2012

Conformismo reticente



Han pasado unas dos semanas desde que llegamos. Algunos dirán que es poco, y otros que es suficiente. La cuestión es que ya podemos llamar a este lugar "casa".

Y pensándolo bien nada tiene que ver con el tiempo. Podrían pasar meses y nosotros seguir sintiéndonos extraños; cerrarnos en banda a todas estas rarezas, a la brusquedad de tanta consonante junta, a lo asfixiantes que resultan las palabras largas como líneas de cuardenillo.
Pero todo en esta vida es una cuestión de actitud, la realidad a fin de cuentas siempre es subjetiva, y yo ya vine enamorado del mundo, ya me metí enamorado de Aquisgrán en la maleta. "Amor ciego, inconsciente y necesario" dice Lidia.

Pero tampoco íbamos mal encaminados, las descripciones de la wikipedia prometían. ¿Lectura selectiva? Quién sabe...

Esta es una ciudad pequeña, de esas ciudades que caben en la palma de la mano. Y aún así esconden infinidad de secretos. Poco a poco Lidia los va descubriendo y me los cuenta al llega a casa..: como todas las fuentes que uno puede encontrar en la ciudad, porque Aquisgrán es la ciudad del agua, cada una envuelta en una historia o leyenda. Yo me siento todos los días en la repisa de la ventana, arropado por el radiador y rodeado de mis plantas, y espero que llegue, me guardo la información y le doy forma.
Desde aquí sólo puedo observar la Ludwigsallee Strasse, con sus árboles que día a día van cambiando de color. ¡La de colores que encierra el otoño! Esto Valencia no lo conoce...
Ella sale, pasea, explora cafeterías y descubre todo lo que esta ciudad nos ofrece. Algún día me llevará consigo, eso me repite siempre.

Y es que a fin de cuentas, cuando uno se va a la aventura, cuando uno se va porque quiere crecer (y quizás donde está no le dejan), cuando uno decide hacer un cambio tal que este, no le queda más que conformarse. Conformarse y mirarlo todo con lupa, pero conformarse. Y ya puesto a aceptarlo, mejor que sea con alegría y entusiasmo.

Porque "hay tantas realidades como puntos de vista." (José Ortega y Gasset)


martes, 2 de octubre de 2012

Mi historia

Hola, me llamo Nunú, soy un peluche, y tengo 32 años.

Hoy inauguro mi blog, y como inicio estaría bien explicar cómo he llegado hasta aquí, para que os vayáis situando:
Mi vida era tranquila, lo normal en un oso de peluche. Como todos, tuve un Niño en mis inicios, y como sucede con muchos de nosotros no pasé a manos de otro niño cuando este se hizo mayor. Y así ambos crecimos. Loormelotte hizo su vida, y yo me quedé en la estantería como decoración, dando un toque de nostalgia a la habitación.

Pero mi vida cambió drásticamente cuando apareció Lidia...

Para empezar casi muero en una lucha intensa con la lavadora. Nadie nos lo explica cuando nos fabrican, pero tras estar decorando una estantería, si quieres volver a la vida de los humanos, has de pasar por la lavadora. Ella decidirá si vives o mueres, algo así como un circo romano. Efectivamente, tras 32 años acumulando polvo y vejez, es una lucha a vida o muerte.
Como podéis intuir murió la lavadora, pero yo quedé gravemente tocado; mis cosidos no aguantaron la pelea y cedieron, dejando que todo mi fieltro (que vienen siendo nuestras entrañas) se esparciera por toda la máquina. Excepto la cabeza, quedé desvalido de cuello para abajo. Curiosamente mi herida casi mortal fue mi salvación, y con mis tripas embozando la lavadora vencí la batalla.

Lidia me llevó al médico; una linda señorita que me pespuntó todos los remiendos necesarios para devolverme a la vida. A fin de cuentas, por mucho que se nos adore, ¿quién quiere un peluche roto con pinta de gremlin y un aire a Stephen Hawking? Pues eso.
La médico, especialista en el cuidado de peluches y amigurimis, una diosa de la aguja, no solo me curó, me dio una segunda vida, o mejor, me quitó años de vida. Su clínica podría llamarse "Corporación peluchestética". Me dio, a fin de cuentas, una segunda oportunidad.

Y con esta situación entre mis manos no podía volver a la estantería. ¿Tanto sufrimiento para pasarme otros 32 años de polvo y altura, entre libros que no hablan si no insistes? Me negué.
Entonces vi claro mi nuevo plan de vida: Lidia se marchaba a Aquisgrán, era cariñosa y buena conmigo, así que no lo dudé ni un instante, me metí en su maleta.

Y esta es mi historia: ahora vivimos en Aquisgrán, una ciudad de Alemania que no conocíamos, rodados de gente que intenta comunicarse en un idioma imposible.

Pero todo va a ir bien, ahora decoro la cama.