martes, 2 de octubre de 2012

Mi historia

Hola, me llamo Nunú, soy un peluche, y tengo 32 años.

Hoy inauguro mi blog, y como inicio estaría bien explicar cómo he llegado hasta aquí, para que os vayáis situando:
Mi vida era tranquila, lo normal en un oso de peluche. Como todos, tuve un Niño en mis inicios, y como sucede con muchos de nosotros no pasé a manos de otro niño cuando este se hizo mayor. Y así ambos crecimos. Loormelotte hizo su vida, y yo me quedé en la estantería como decoración, dando un toque de nostalgia a la habitación.

Pero mi vida cambió drásticamente cuando apareció Lidia...

Para empezar casi muero en una lucha intensa con la lavadora. Nadie nos lo explica cuando nos fabrican, pero tras estar decorando una estantería, si quieres volver a la vida de los humanos, has de pasar por la lavadora. Ella decidirá si vives o mueres, algo así como un circo romano. Efectivamente, tras 32 años acumulando polvo y vejez, es una lucha a vida o muerte.
Como podéis intuir murió la lavadora, pero yo quedé gravemente tocado; mis cosidos no aguantaron la pelea y cedieron, dejando que todo mi fieltro (que vienen siendo nuestras entrañas) se esparciera por toda la máquina. Excepto la cabeza, quedé desvalido de cuello para abajo. Curiosamente mi herida casi mortal fue mi salvación, y con mis tripas embozando la lavadora vencí la batalla.

Lidia me llevó al médico; una linda señorita que me pespuntó todos los remiendos necesarios para devolverme a la vida. A fin de cuentas, por mucho que se nos adore, ¿quién quiere un peluche roto con pinta de gremlin y un aire a Stephen Hawking? Pues eso.
La médico, especialista en el cuidado de peluches y amigurimis, una diosa de la aguja, no solo me curó, me dio una segunda vida, o mejor, me quitó años de vida. Su clínica podría llamarse "Corporación peluchestética". Me dio, a fin de cuentas, una segunda oportunidad.

Y con esta situación entre mis manos no podía volver a la estantería. ¿Tanto sufrimiento para pasarme otros 32 años de polvo y altura, entre libros que no hablan si no insistes? Me negué.
Entonces vi claro mi nuevo plan de vida: Lidia se marchaba a Aquisgrán, era cariñosa y buena conmigo, así que no lo dudé ni un instante, me metí en su maleta.

Y esta es mi historia: ahora vivimos en Aquisgrán, una ciudad de Alemania que no conocíamos, rodados de gente que intenta comunicarse en un idioma imposible.

Pero todo va a ir bien, ahora decoro la cama.



4 comentarios:

  1. Nunú vuelve . . . te promete tratarte bien. Iremos al teatro, de tiendas y te compraré cosas bonitas.

    He cambiado, dame una segunda oportunidad.

    ResponderEliminar
  2. Nunú, me alegro de formar parte de tu vida....cuidate, acuerdate de acudir a las revisiones periódicas, ya sabes donde esta la clínica.

    ResponderEliminar
  3. Ya sabía yo que los europeos están locos.....¿pero esto? ¿En serio?

    Saludos, desde Africa!!

    ResponderEliminar